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¡Hasta siempre, Eduardo!

lunes, 22 de noviembre de 2004

Eduardo LorenzoEl pasado 28 de octubre, el barrio «Les Marolles», de Bruselas, perdió a uno de sus habitantes más entrañables y la comunidad española en Bélgica a uno de sus miembros más castizos. ¿Qué de quién se trata? Una pista: fuma en pipa y lleva siempre calcetines rojosEduardo Lorenzo cogió un avión rumbo a Alicante, dejando atrás 30 años muy intensos y cargados de vivencias. Dejando aquí, sobre todo, muchos, muchísimos amigos

Eduardo llegó a Bruselas por casualidad. Siendo un joven dominico, fue destinado al Chile de Pinochet, donde uno de sus compañeros lo denunció como comunista, sin serlo, con lo que fue «invitado» a abandonar el país. De vuelta a España, el panorama no le acabó de gustar, con lo que decidió poner tierra por medio: cogió sus bártulos y se puso a «hacer dedo», sin una meta fija. El primer camionero que le paró venía para Bélgica… y para acá se vino.

Eduardo pronto se hizo un hueco en esta tierra extraña y con el tiempo fue nombrado director de la Misión Católica española aquí en Bruselas. Aunque a él los cargos era lo que menos le importaba: le importaban sobre todo los hombres.

iglesiaDesde un principio, Eduardo empezó a trabajar codo con codo con y para la emigración española, tan numerosa en aquellos tiempos en los que España no pertenecía aún a la Unión Europea y en los que instalarse aquí no era tan fácil. La mayor parte de aquellos emigrantes eran asturianos que habían venido a trabajar a Bélgica en las minas de carbón. De ahí que Eduardo, nacido en Bilbao y criado en Burgos, acabara llamando «guajes» a los niños –a los que por cierto adora– y trayéndose a la Santina en un autocar de Alsa para instalarla con todos los honores en su iglesia, la de Nuestra Señora Inmaculada, más conocida como «la iglesia del Rastro«. Eso cuando por fin tuvo una iglesia donde poder celebrar la misa en español, porque al principio del todo tenía que conformarse para ello con garajes y pisos convertidos en capillas de circunstancia.

Eduardo hizo de todo por sus compatriotas. Fundó una de las primeras radios independientes, o más bien piratas, en español, aquí en Bruselas. Cuenta cómo el principal temor era que irrumpiera la Policía en medio de la emisión, «porque el equipo costaba lo suyo y si nos pillaban se lo llevaban»… De hecho en radio Esperanza siguió trabajando hasta el final…

Creó la «Escuela de Deberes«, para los hijos de estos emigrantes, que al trabajar de sol a sol no podían ayudarlos gran cosa en las tareas escolares.

Hacía oídos sordos a todos los chistes anti-clericales que tenía que aguantar en los bares españoles, que por supuesto frecuentaba, pues siempre ha sido de buen comer. En cambio, siempre tenía el oído atento a cualquier petición de ayuda. Y así se fue ganando el cariño y el respeto de todos, de los que asistían a sus misas, siempre tan entretenidas, hay que decirlo, y de los que no pisaban la iglesia. ¡A cuántas parejas habrá casado, prometiéndoles 10 años de garantía! ¡Cuántos «guajes» habrá bautizado en el altar de la Santina! ¡Cuántos niños recibieron la Primera Comunión de su mano, no sin antes aprender que se dice «púlpito» y no «pulpito»! Él siempre decía que lo más duro para él eran los entierros y los funerales, el despedir a un amigo e intentar consolar a una familia de una pérdida que era el primero en lamentar…

Su actividad era imparable. Se matriculó en la UNED para licenciarse en Derecho y poder ayudar a sus compatriotas de una manera más profesional, sin cobrar un franco… aunque no le duró mucho tiempo el invento, porque pronto algún abogado belga lo denunció por «competencia desleal». Y ya que hablamos de la UNED, fue primero Secretario del centro UNED aquí en Bruselas, y después Coordinador de Estudios, hasta que renunció a su cargo, decepcionado por la actitud del último coordinador de centros en el extranjero.

DoloresFue elegido en una ocasión «Español del año» por la desaparecida revista «El Sol de Bélgica»… y le regaló su premio, un billete de avión a cualquier lugar del mundo, a su mano derecha, su inseparable Dolores, una enfermera jubilada (que no religiosa de ninguna congregación, como piensan muchos) y que merece capítulo aparte, que pudo así conocer Ecuador: «Se lo merecía más que yo», era la explicación que daba.

Hace un par de años, fue nombrado Caballero de la orden de Isabel la Católica, como reconocimiento a toda su labor por la comunidad española. El cónsul de España en aquel momento, el sr. Benavides, le impuso la medalla en un sencillo acto en el Consulado, al que asistimos un grupo de familiares y amigos muy reducido, porque no quiso darle mucho bombo a la noticia.

En estos últimos años, cuando los emigrantes españoles de las primeras épocas estaban ya mejor situados, empezaron a llegar otros, procedentes del otro lado del Atlántico, pero también de habla hispana. Y también con ellos se volcó Eduardo: los recogía en la calle y los alojaba en su casa; les buscaba trabajo; les proporcionaba comida y ropas; organizó una escuela de francés a su medida; los visitaba en las cárceles y hacía lo posible por ayudarlos a salir adelante.

pepeCuando hace un año empezó a anunciar su intención de marcharse, nadie se lo creía. ¡No podía ser, cómo iba a marcharse Eduardo, sin él nada sería lo mismo! Pero la cosa iba en serio. Empezó a buscar a un sustituto personalmente, porque no quería dejar su empresa en manos de cualquiera. ¡Y le costó! Tardó meses, pero al final encontró a Pepe Magaña, que ya había venido en alguna ocasión a sustituirlo durante sus merecidas vacaciones estivales. Y entonces anunció oficialmente que se volvía a España, «ahora que estaba bien y que todavía podía disfrutarla».

Las muestras de cariño de las que ha sido objeto antes de marcharse definitivamente han sido muchas y variopintas. La más multitudinaria quizá, la Eucaristía celebrada el 17 de octubre en «su» iglesia, que fue seguida por una copa allí mismo, la última que concelebró, y a la que asistió una nutrida representación de todos los «ambientes» en los que se había movido a lo largo de todos estos años.

Desde estas páginas, Hispagenda ha querido sumarse a todos ellos para agradecerte públicamente todo lo que has hecho por los que se han cruzado en tu camino. Te echaremos mucho de menos, aquí, en Bruselas, porque los hombres de bien como tú no abundan en los tiempos que corren.

Que seas muy feliz, allí, junto al mar, y que disfrutes de verdad del sol y de la alegría de nuestra tierra.

Como te cantaban los niños en tu «última misa», tus consejos y tu ejemplo permanecerán muy vivos en nuestra memoria, aunque te vayas de aquí.

¡Hasta siempre, amigo!

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Escucha la entrevista que le hicieron en Radio Sí

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