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Archivos de la categoria ‘Tradiciones’

Jumilla. Arte y pasión invaden las calles

viernes, 26 de febrero de 2016
Stmo. Cristo de la Vida

Santísimo Cristo de la Vida

En la ciudad de Jumilla,  situada al sureste de la Península Ibérica, cada año, al llegar la primavera, se celebra con sentir popular y fervor religioso la Semana Santa jumillana. Una Semana Santa con 600 años de historia, una Semana Santa con estilo propio.

Imagen talla del Arcángel

Imagen talla del Arcángel. Fotografía de Plácido Guardiola

En estos días santos, miles de cofrades y penitentes inundan sus calles, vestidos de “nazarenos”, con sus típicos atuendos y túnicas de vivos colores, para lucir con orgullo su patrimonio popular en las múltiples procesiones, que tienen lugar día y noche durante la Semana Mayor. Los entusiastas santamenteros, casi 5.000 agrupados en 20 cofradías y hermandades, procesionan en total 60 pasos, donde asientan en tronos -como si de reyes se tratará- imágenes y conjuntos escultóricos representando las escenas, momentos y sentimientos de la Pasión y Resurreción de Cristo. Las calles se tornan museos, donde creyentes y no creyentes disfrutan de la magnífica imaginería de incalculable valor histórico-artístico, obra de maestros imagineros desde el Barroco hasta nuestros días; recorren la ciudad siempre engalanadas con vistosos arreglos florales, ricos bordados y orfebrería. Vivir la Semana Santa en Jumilla es un festival para los sentidos, pues  convergen las luces del cielo, de los cirios y de farolillos de los penitentes, con el olor a incienso y velas, el colorido de las túnicas, flores, bordados, la majestuosidad y dramatismo de tallas y tronos y el sonido de tambores y trompetas. Continuar…

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La mula y el buey

sábado, 21 de diciembre de 2013

La mula y  el bueyCuenta la leyenda que hace muchos años, un campesino, allá en Judea, tenía una mula y un buey muy viejos y enfermos, y como no le servían ya para nada, con todo el dolor de su corazón, decidió sacrificarlos.

Una noche, antes de que su dueño pusiera en práctica su triste decisión, los animales, estaban descansando en su establo; pasada la medianoche, de repente, un viento extraño los empujó y una mano invisible los llevó por un sendero. La mula y el buey se preguntaban qué podían querer de ellos, que apenas si tenían fuerzas para moverse. Llegaron entonces a otro establo, donde un Niño recién nacido estaba recostado en un pesebre, mientras sus padres intentaban calentarlo inútilmente. Entonces los animales se estremecieron de emoción y entendieron que su misión era calentar a aquel hermoso Niño. Se acercaron a él y así lo hicieron: el Niño les sonrió y acercó la manita para acariciarlos.

La mula y el buey volvieron a casa alegres y reconfortados, y algo  más: su amo no podía creer lo que veían sus ojos: ¡sus animales habían recuperado el vigor de su lejana juventud! Que conservaron durante todos los años que siguieron trabajando para él, sin que nadie pudiera explicarse semejante transformación.

En diciembre de 2012, tras la publicación del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI, muchos medios se hicieron eco de una pseudonoticia según la cual el Papa se habría pronunciado en contra de que estos dos animales aparecieran en los belenes. Muchos lo creyeron, sin molestarse en leerse el libro, y abundaron titulares como “El buey y la mula en el paro” o “El buey y la mula, los impostores del belén”. Pero nada más lejos de la realidad.

Benedicto nos dice en su libro que el pesebre nos hace pensar en los animales, y que aunque en el Evangelio no se mencionan ni la mula ni el buey, la tradición cristiana acudió muy pronto al profeta Isaías, que venía a decir que estos animales reconocen su establo y a su amo, mientras que los hombres están más perdidos que la famosa aguja de aquel pajar. De hecho, en la primera representación gráfica del nacimiento que se conoce, que data del siglo IV y se encuentra en la catacumba de San Sebastián, en Roma, ya aparecen junto al Niño estos entrañables animales.

Cierto es que al principio la pareja la formaban un buey y un asno, pero la mula acabó imponiéndose y surgió otra leyenda, según la cual el buey fue el único que dio calor al Niño mientras la mula se dedicaba a comerse la paja del pesebre, por lo que fue castigada sin descendencia por los siglos de los siglos.

Se ha dicho que en realidad representan a todos los hombres de la Tierra, judíos y gentiles. Otros afirman que son imágenes proféticas, que nos enseñan a contemplar el Misterio del nacimiento del Niño Dios. En todo caso, la mula y el buey desempeñan un papel mucho más importante de lo que se sospechaba y la falsa polémica acerca de lo que había dicho el Papa en su libro los ha puesto de moda. ¡Seguro que nadie se olvida de colocarlos esta Navidad en su belén!

M. Sanz

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En honor a nuestra Historia: festividad de Moros y Cristianos de Murcia

martes, 14 de febrero de 2012
Festividad de Moros y Cristianos

Detalle de las Capas moras

Evocar los tiempos de las conquistas, pasear entre castillos y cortes medievales y disfrutar de la exuberancia mediterránea es lo que nos proponen las festividades de Moros y Cristianos de Murcia, que datan de 1266, y cuyo propósito es conmemorar la Fundación de la Ciudad de Murcia. Continuar…

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Los villancicos

viernes, 23 de diciembre de 2011

En cuanto el mes de diciembre asoma la nariz por el calendario, las ciudades de nuestra Hispania se llenan de luces y de unos cantos que nos devuelven a nuestra infancia a aquellos que ya no somos niños: los villancicos. ¿Qué español no sabría entonar el “Campana sobre campana” o “Los peces en el río”? Y es que una Navidad sin villancicos sería como una película a la que le hubieran quitado el sonido… Continuar…

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Cuando Murcia saluda al sol

lunes, 12 de septiembre de 2011
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El Bando de la Huerta

El Bando de la Huerta, festejo popular y abierto a oriundos y foráneos, es una explosión de alegría que convierte la ciudad de Murcia en un gran escenario, donde los murcianos reviven con pasión y orgullo sus tradiciones y costumbres cada primavera. Y de repente, como si de una vuelta al pasado se tratará, se crea de forma espontánea un retablo viviente costumbrista por toda la ciudad.

Casa huertanaTodo comenzó en el carnaval de 1851, cuando a un grupo de Churubitos, o sea, señoritos capitalinos, se les ocurrió parodiar a los Peretes –apelativo de los huertanos–, con su característico hablar. Para ello, escribieron un texto jocoso y algo irónico en el hablar de la huerta llamada “panocho”, imitando los Bandos del Consistorio que anunciaban las normas de obligado cumplimiento. Y así, ataviados como los huertanos, sacaron a la calle el primer Bando.

Lo que nunca imaginaron estos  lechuguinos –dícese de los jóvenes inmaduros y de poco provecho– es que tal ocurrencia daría paso a una cita anual en estos últimos 161 años, donde churubitos y peretes, en fraternal amistad, enseñorean la ciudad. Continuar…

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