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Jumilla. Arte y pasión invaden las calles

Viernes, 26 de Febrero de 2016
Stmo. Cristo de la Vida

Santísimo Cristo de la Vida

En la ciudad de Jumilla,  situada al sureste de la Península Ibérica, cada año, al llegar la primavera, se celebra con sentir popular y fervor religioso la Semana Santa jumillana. Una Semana Santa con 600 años de historia, una Semana Santa con estilo propio.

Imagen talla del Arcángel

Imagen talla del Arcángel. Fotografía de Plácido Guardiola

En estos días santos, miles de cofrades y penitentes inundan sus calles, vestidos de “nazarenos”, con sus típicos atuendos y túnicas de vivos colores, para lucir con orgullo su patrimonio popular en las múltiples procesiones, que tienen lugar día y noche durante la Semana Mayor. Los entusiastas santamenteros, casi 5.000 agrupados en 20 cofradías y hermandades, procesionan en total 60 pasos, donde asientan en tronos -como si de reyes se tratará- imágenes y conjuntos escultóricos representando las escenas, momentos y sentimientos de la Pasión y Resurreción de Cristo. Las calles se tornan museos, donde creyentes y no creyentes disfrutan de la magnífica imaginería de incalculable valor histórico-artístico, obra de maestros imagineros desde el Barroco hasta nuestros días; recorren la ciudad siempre engalanadas con vistosos arreglos florales, ricos bordados y orfebrería. Vivir la Semana Santa en Jumilla es un festival para los sentidos, pues  convergen las luces del cielo, de los cirios y de farolillos de los penitentes, con el olor a incienso y velas, el colorido de las túnicas, flores, bordados, la majestuosidad y dramatismo de tallas y tronos y el sonido de tambores y trompetas.

Imagen del Encuentro de Domingo de Resurreción. Foto Placido Guardiola

Imagen del Encuentro de Domingo de Resurreción. Foto Plácido Guardiola

El arte, en cualquier forma o expresión, está presente en cada uno de los motivos y elementos exhibidos en los cortejos, incluso en detalles casi imperceptibles para el ojo humano. El entorno es incomparable, por su transcurrir entre los colores arenosos y el verde intenso del paisaje de vid y olivos de jumilla, similar al de Jerusalén. Y todo ello, enmarcado en un espacio arquitectónico donde conviven algunos vestigios de culturas milenarias -como la romana y árabe, con estrechas calles medievales y edificaciones góticas, aportando mayor teatralidad. También cuenta con sabor propio: existe una gastronomía típica de Semana Santa, que si bien  viandas y dulces son elaborados bajo la influencia del precepto de abstinencia,  pueden ser catalogados como manjar de dioses.

Procesión de la Lanza en el costado

Procesión de la Lanza en el costado. Foto Plácido Guardiola

Una Semana Santa con estilo propio. Una de las principales originalidades de la Semana Santa jumillana es contar con marchamo propio, a raíz de la mimetización e influencia recibida de diferentes corrientes –la andaluza, castellana y mediterránea- lo que da lugar a una multiplicidad de singularidades que la hacen impar. Las procesiones de corte andaluz se caracterizan por ser ceremoniosas y de gran carga emocional. Ejemplo de estas son las procesiones nocturnas del Miércoles, Jueves y Viernes, donde los rostros de las imágenes muestran un elenco de sentimientos -dolor, sufrimiento, amargura, rebeldía, pasión, resignación, incluso esperanza.   Respecto a los cortejos, estos son más ordenados y ceremoniosos, evidenciado en el modo de desfilar, y/o la forma de marcar -o bailar, el paso, además de exhibir una fuerte simbología pasional -dagas, corazones, lágrimas, espinas, cruces- presente y destacada en todo tipo de bordados y detalles. Mención aparte merece la Procesión Penitencial del Cristo de la Vida en la madrugada del Martes Santo -de influencia castellana- por presentar un atractivo diferente al resto de procesiones, por procesionar en silencio y estar envuelta en un halo de espiritualidad. Y que así describe José Tevar:

Se abren las grandes puertas, [de la Iglesia de Santiago] retumba con eco un tambor, se difunde en el ámbito una nube azul de incienso. Y la misteriosa y solemne procesión del Martes Santo, de madrugada, irá recorriendo callejas oscuras y retorcidas, empinados escalones, recodos, plazuelas iluminadas por chisporroteantes hogueras y cirios, con sonoras cadenas arrastradas por el pavimento, tambor hueco, polifonía de coral, martillo del cabo de andas…

Este modo de procesionar, más recio y sobrio, propio del estilo castellano, contrasta con otras procesiones mucho más alegres, de estilo mediterráneo, en los que predomina la abundancia ornamental y los motivos vegetales, con un desfilar menos disciplinado como son los traslados –son similares a las romerías, y los cortejos diurnos, especialmente el Domingo de Ramos y de Resurrección. Tres estilos que conviven y se mimetizan, fundiéndose en uno solo, que da cabida a distintas maneras de entender y vivir el fervor religioso y la espiritualidad de estas conmemoraciones.

Talla de la Magdalena (Pizano, 1944)

Talla de la Magdalena (Pizano, 1944) en la Procesión de Viernes Santo.

Singular: “La danza del Caracol”. El Domingo de Resurrección, y como colofón a la Semana Santa, se realiza uno de los tipismos más genuinos de su tradición: “la Danza del  Caracol”.

Una danza ritual, de carácter místico, ejecutada a ritmo y paso de tambor, protagonizada desde hace más de 168 años por el tercio de “los Armaos”, quienes ataviados con sus mantos, lanzas y rodelas siguen al macero, responsable de guiar al resto en su complicado recorrido laberíntico para no romper el camino, el ritmo, ni la plástica y estética de la danza. La espectacularidad y belleza de esta danza primitiva queda reflejada en la descripción de Manuel Gea Rovira en Hermandades Jumillanas en 1990:

…una serie de elucubraciones, donde se visualiza una pintoresca evolución, rizo ondulante, anillos que se cierran al compás del tambor y las estridencias trompetera, tejer y destejer, estandartes y picas que se arremolinan en torno a sus jefes, que permanecen inmóviles en un punto imaginario que la intuición del genial macero trazó previamente con vertiginoso ademán.

Poco se sabe con respecto a los orígenes de este rito. Investigaciones recientes señalan su origen celta, por la similitud con la Danza del Sol de estos pueblos; o incluso prehistórico, pues al parecido con las danzas paleolíticas se suma la presencia y simbología del caracol en sus actos funerarios, como apunta en sus estudios la doctora Isabel Mira, experta en  Semana Santa. Respecto a Los Armaos, cofradía religiosa de corte militar, cuyo único fin es representar en la Pascua a las tropas del Imperio Romano custodios de Cristo durante la Pasión. En el caso de los Armaos de Jumilla, datan de 1848 y pertenecen a la Hermandad del Cristo Amarrado a la columna desde sus inicios.

Una Semana Santa con 600 años de historia

Procesión del Cristo de la Salud

Hdad. del Cristo de la Salud

Está documentada la llegada del  dominico San Vicente Ferrer en 1411, entre los días 18 y 20 de abril, a la villa de Jumilla, durante su periplo evangelizador por tierras castellanas, acompañado por muchas personas devotas de diferente condición y humildes vestimentas, precedidas de un hombre que portaba un gran crucifijo de madera. Se inicia entonces la costumbre de procesionar en Jumilla, como sabemos a través de legados y textos de diversas épocas donde nos consta la evolución y devenir de estas festividades – que han pasado por vicisitudes y etapas de menor esplendor desde el S.XVI hasta nuestros días. Finalmente es en 1940, tras la contienda nacional y gracias al extraordinario esfuerzo de Hermandades, ciudadanos y autoridades, cuando la Semana Santa vuelve a tomar impulso incluyendo nuevas tallas de escultores y recuperando costumbres de siglos anteriores, hasta conseguir las celebraciones que conocemos en la actualidad.

Actos Significativos y Procesiones en la Semana Santa de Jumilla

Procesión de los Penitentes del Martes Santo.

Procesión de los Penitentes del Martes Santo.

Viernes de Dolores: comienza la Semana Mayor con el espectacular Vía Crucis, para lo cual las calles se convierten en grandes expositores de los altares e imágenes de la Semana Santa que van a procesionar. Domingo de Ramos: con la Procesión de las Palmas comienzan los cortejos procesionales con la entrada a Jerusalén de Jesús y sus Apóstoles portando palmas y olivos. Martes Santo: se celebra la Procesión del Silencio, donde el Santísimo Cristo de la Vida y la Virgen de la Esperanza recorren las calles en un silencio roto únicamente por los golpes del tambor. Miércoles Santo: procesión de Jesús Prendido y  representación del  Prendimiento, drama sacro de mitad del XIX, interpretada por los vecinos, donde participan el Tercio de los Armaos de la Hermandad de Cristo. Jueves Santo: procesión de la Amargura, del siglo XV. Esa misma tarde las diversas hermandades, con su estandarte y banda de música, desfilan para visitar los sagrados monumentos ubicados en iglesias y capillas. Las mujeres, con la tradicional teja y mantilla, denominadas Manolas, y los hombres con la túnica de su hermandad. Viernes Santo: por la mañana se celebra la procesión del Calvario, del siglo XVII; por la noche, procesión del Santo Entierro, cuyo origen es del siglo XVII, en la que se ven muchos pies descalzos detrás de las imágenes, portadas a hombros a la luz tintineante de sus velas. Domingo de Resurrección: procesión de Jesús Resucitado, al término de la cual viene el “Desfile” en el que se reparten cientos de kilos de caramelos entre participantes y espectadores. Jumilla en Procesión

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