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El Reino de España y el Principado de Liechtenstein

viernes, 26 de marzo de 2010

¿Qué pueden tener en común Liechtenstein, ese pequeño país de cuento de Europa Central, uno de los más pequeños del mundo, con nuestra España? A simple vista, podría parecer que no gran cosa…

Castillo de los príncipes de Liechtenstein en VaduzCastillo de los Príncipes de Liechtenstein en Vaduz

Liechtenstein es un país montañoso, sin salida al mar, donde se habla alemán y un dialecto alemánico. No tiene Ejército, que fue abolido en 1868 por su alto coste. Tampoco hay aeropuertos, mientras que el ferrocarril tiene gran importancia: una línea ferroviaria que atraviesa Liechtenstein, conecta Austria con Suiza (el expreso de Belgrado une Viena con Zurich).

A pesar de su tamaño y sus limitados recursos naturales, Liechtenstein es un país próspero y muy industrializado. El sector de los servicios financieros es importantísimo y los impuestos que pagan las empresas, bajos, lo que explicaría el gran número de sociedades sitas en su territorio.

Cuenta con 35.000 habitantes, alfabetizados al 100%. Y en su mayoría, de religión católica: primera coincidencia con España. Pero no la única.

Cráneo dolicocéfalo.

No lejos de Liechtenstein, al borde de un bonito lago, se encuentra la localidad de Hallstatt y el yacimiento arqueológico del mismo nombre, centro de irradiación de la cultura prehistórica y del tipo étnico que lleva también dicho nombre: el tipo Hallstatt, un hombre de cráneo dolicocéfalo, leptorrino, de frente alta y esqueleto grácil, constituye la base poblacional de España y de Liechtenstein. Concretamente en Galicia, donde mejor se han conservado las tradiciones de los pueblos celtas que dieron lugar a la cultura de Hallstat, hay un gran número de marcadores genéticos más cercanos a los de la población actual de Liechtenstein que a los del resto de España…

TrisquelEl “Trisquel”, uno de los símbolos celtas más conocidos

Los pueblos celtas que cruzaron los Pirineos medio milenio antes del nacimiento de Cristo, procedentes de Europa Central, traían consigo una cultura sin estado y una visión del mundo propia de sociedades agrarias, en las que el sentido de lo sagrado impregnaba la vida cotidiana. Así, quien ejercía el poder, lo hacía como representante de los dioses. Y ante una sequía o una mala cosecha, el rey era ahorcado por fracasar como mediador entre el Cielo y la Tierra. Estas primitivas monarquías célticas desaparecieron con el advenimiento del Imperio Romano, que dominó tanto el territorio de lo que un día sería Liechtenstein como de lo que un día sería España, pero a la caída de Roma volvieron a renacer las pulsiones atávicas y con ellas las frágiles e inestables monarquías electivas de celtas y germanos.

La construcción política más importante de la época medieval que siguió a la caída del Imperio Romano, fue su presunto heredero el Sacro Imperio Romano, que en realidad era una federación de pequeñas monarquías, cuya exigua base territorial recordaba la de los antiguos reinos célticos, que siglos atrás habían ocupado el territorio de Europa Central.

En el Sacro Imperio, el soberano era elegido por los grandes señores, de una manera que recordaba las monarquías electivas de los celtas. Algunas normas para la elección habían caído en desuso: el rey ya no debía cubrir ante la aldea una yegua blanca y luego decapitarla y beber su sangre ni era ya ejecutado ante una sequía, inundación o mala cosecha.

Mil años han transcurrido desde su fundación, y hoy en día la única monarquía que pervive del Sacro Imperio Romano es el Principado de Liechtenstein. El Reino de España, una construcción también milenaria, conserva viejos lazos con el Principado: no sólo los habitantes del Reino y del Principado tienen como antepasados comunes a los celtas, sino que también los tienen sus respectivos soberanos.

S.A.S. el Príncipe Hans Adam II

Por las venas del actual soberano de Liechtenstein, S.A.S. el Príncipe Hans Adam II, corre la sangre de Don Pelayo, del Cid Campeador y de los Reyes Católicos, de la misma forma que el Rey de España, S.M. Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, comparte con el príncipe de Liechtenstein antepasados como Carlomagno, Rodolfo de Habsburgo, que fundaría una dinastía que reinaría 700 años en Austria y Otto de Wittelsbach, que en 1180 fundó una dinastía que reinaría 8 siglos en Baviera. Las monarquías católicas de España, Austria y Baviera se han emparentado durante siglos entre sí, y han hecho de los soberanos de España y Liechtenstein unos parientes cercanos que descienden con frecuencia decenas de veces del mismo antepasado, que resulta ser normalmente un soberano de Austria, Baviera o España.

El Reino de España y el Principado de Liechtenstein se cuentan entre las últimas monarquías católicas del Viejo Continente, pero no es sólo la forma de estado lo que acerca a ambos países, sino el hecho de constituir su población una misma familia: al parentesco de sus habitantes, que cuentan con los celtas como antepasados comunes, se suma el parentesco próximo de sus familias reales, que a lo largo de los siglos forjaron la Historia de Europa.

Txema Muñoz – Rafael Sanz

Amigos de Hispagenda, Lugares

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