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La Semana Santa más alegre de España

miércoles, 24 de marzo de 2010

En la ciudad de Murcia se celebra la Semana Santa más alegre de toda España. La gente se agolpa en las aceras a lo largo de las procesiones, extendiendo sus manos para llenar de golosinas,  frutas y  dulces sus bolsillos.

De todas las ciudades españolas en la que se celebra la Semana Santa, una de las más originales es la de la ciudad de Murcia,  al sureste de la Península Ibérica y casi a orillas del mar Mediterráneo. La Semana Santa de la ciudad de Murcia es especial.  Miles de cofrades y penitentes inundan las calles de la ciudad, vestidos de “nazareno”, con atuendos típicos  y túnicas de vivos  colores, para participar con alegría y fervor religioso en las múltiples procesiones que tienen lugar día y noche durante la Semana Mayor.

Las procesiones murcianas son todo un espectáculo para los sentidos, en ellas convergen las luces del cielo, los cirios y farolillos de los nazarenos, el olor a azahar e incienso de las calles, el colorido de las túnicas, las flores y los tronos, además de la música.  Y todo ello,  en un entorno arquitectónico de estilo barroco combinado con estrechas calles medievales, que aportan mayor teatralidad y un marco escénico incomparable.

Una de las principales originalidades de la Semana Santa en Murcia -donde la fe y el fervor religioso van de la mano con la generosidad y alegría que caracterizan a los murcianos- es que los miembros de las cofradías, a la vez que marchan por las calles de la ciudad, reparten caramelos, frutas y dulces a niños y mayores, quienes se agolpan con entusiasmo a lo largo de las procesiones, extendiendo sus manos para llenar sus bolsillos.

Durante los diez días que duran las fiestas, en Murcia se llegan a repartir cerca de 50 toneladas de caramelos y golosinas.

Con estilo propio

Hay dos modos de procesiones que conviven, creando una multiplicidad de singularidades que hacen inigualable la Semana Santa murciana: el “estilo murciano”, característico de las entidades pasionarias más antiguas, y las nuevas formaciones, que siguen el modelo murciano o tradicional, y  el “estilo de Silencio” similar a las procesiones y cofradías del sur de España. Estos estilos quedan reflejados en todo, desde los atuendos e indumentarias hasta los acompañamientos musicales, pasando por el capuz  y el modo de marcar, o en su caso bailar, los tronos o pasos.

Desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, en Murcia se celebran 16 procesiones, organizadas por las 15 cofradías encargadas de portar a hombros 87 pasos procesionales. Como rasgo distintivo, cada paso cuenta con una hermandad propia, constituida por nazarenos penitentes y estantes, que son los que llevan en andas los tronos.  Por lo tanto,  las cofradías están constituidas a su vez por varias hermandades, llegando a reunir hasta 11 distintas.

Las cofradías y sus hermandades, que datan de la Edad Media, a comienzos del siglo XV,  han conservado intactos sus rituales y tradiciones de siglos hasta el día de hoy.  La más antigua, con 600 años de historia, data de 1411, La Archicofradía de la Sangre, seguida de la del Santo Sepulcro (1570) y la de Nuestro Padre Jesús Nazareno (1600), conocida popularmente como los “Moraos” o los Salzillos y los Servitas del siglo XVII. Todas ellas, además de ser referente para otras cofradías más jovenes, han sido custodios de un legado cultural que han sabido conservar hasta nuestros días.

Las Convocatorias

Las Convocatorias son otra originalidad propia de las cofradías tradicionales.  La víspera de la procesión, grupos de nazarenos, ataviados como tales y a cara descubierta,  recorren la ciudad visitando los domicilios de los mayordomos de su cofradía –los encargados de organizar y guiar las procesiones, las instituciones y medios de comunicación para anunciar la salida del cortejo procesional. Estos grupos van acompañados de una banda de música, que sólo interpreta pasodobles y alguna que otra marcha procesional a la puerta de los domicilios visitados. Estos también van acompañados de la sección de carros, bocinas y timbales.

La Burla y Los Auroros

El acompañamiento musical también es un motivo de distinción, donde cabe destacar los Toques de Burla y los Auroros.  Los llamados “toque de burla”, interpretados por bocinas ancestrales, de 3 metros de largo, sobre artísticas ruedecillas incorporadas que han dando lugar a los carros-bocina, junto a tambores de sonido algo ronco, añaden dramatismo, con sus solemnes melodías originarias del siglo XVIII.

Los Auroros, hermandades del siglo XVII de tradición religioso-folclórica, son  corales en las que se acompaña la voz humana únicamente con campanas, y cuyos actos más genuinos son las despiertas -peregrinaciones por la Huerta desde media noche hasta el alba, a la luz de sus faroles.   Estos días,  también contribuyen con las “Salves de Pasión” al encanto y misticismo de algunas procesiones nocturnas, a lo largo de varios cortejos procesionales.

En la noche, Velas y farolillos iluminan la ciudad

Las cofradías “estilo silencio” se forman a partir de 1940.  Del mismo modo, presentan un atractivo diferente e igualmente interesante, basado en la belleza de sus esculturas -algunas de antaño, combinadas con otras más actuales, en sus rituales y tradiciones junto a la estética de cada uno de sus cortejos procesionales.  Son conocidas como las cofradías del Refugio, Rescate, Fe, Salud,  Soledad y  Yacente.

Numerosos portales especializados en turismo llaman  la atención de la celebración que tiene lugar el Jueves Santo por la noche, en pleno corazón entre medieval y barroco de la ciudad de Murcia. Quizás la procesión del Santísimo Cristo del Refugio  sea la más representativa dentro del estilo  Silencio.

Este es el único momento en el que los murcianos guardan riguroso silencio.  La ciudad permanece apagada a lo largo del itinerario de la procesión y las calles quedan iluminadas únicamente por el tintineo de las velas y los farolillos que portan los nazarenos del cortejo procesional, generando un ambiente diferente a lo visto y vivido hasta ese momento. El silencio y el recogimiento de esa noche son acompañados por saetas y cánticos de algunas hermandades de los Auroros.

Parte esencial del ritual de esta procesión, es la obligación de los nazarenos –penitentes y estantes– al silencio y anonimato desde antes de salir de sus domicilios y hasta la vuelta a los mismos. Además, los penitentes se ponen de rodillas en el último tramo del recorrido, cuando el Cristo regresa  a la iglesia, dejando una de las más imágenes más sobrecogedoras de la Semana Santa. Esta es una muestra más de la fe y fervor religioso que profesan los murcianos.

El Arte se adueña de la ciudad

En estas fechas, Murcia convierte sus calles en museos populares donde todos, creyentes y no creyentes, murcianos y foráneos, pueden deleitarse  con la magnífica imaginería religiosa de gran valor artístico, conformada por grupos escultóricos e imágenes religiosas de grandes maestros escultores, desde el Barroco hasta hoy, engalanadas con magníficos arreglos florales, ricos bordados y trabajos de orfebrería, que recorren la ciudad día y noche.

El Arte, en cualquier forma o expresión, está presente en todas y cada uno de los motivos y elementos que componen o se exhiben en los cortejos procesionales, incluso en detalles casi imperceptibles al ojo humano,  como  los faroles pintados a mano, cada uno diferente, que portan los penitentes de la procesión del Silencio en la oscuridad de la noche.

Esta obsesión por el detalle y lo artístico surge a causa de la gran rivalidad mantenida entre gremios y cofradías en la celebración de procesiones y solemnidades religiosas de hondo calado artístico en el siglo XVII.   Esta, rivalidad, que ha ido aumentando a lo largo de los años, ha generado una riqueza visual y estética enclavada en el incomparable estilo barroco murciano.

De todo el conjunto, cabe destacar,  por su valor artístico y plástico a nivel mundial,  las obras realizadas por el escultor Francisco Salzillo, escultor religioso del barroco español nacido en Murcia en 1707.  Sus 8 obras hiperrealistas de tamaño natural representan pasajes bíblicos, adornados por gigantescos escenarios barrocos.

Cada una de sus obras incluye un sinfín de detalles y motivos merecedores de ser admiradas por su increíble belleza, colorido y perfección, y sobre todo por su  contribución teatral y dramática a todo el conjunto.   De ahí que los expertos coincidan en afirmar que estas esculturas están hechas para ser contempladas en las calles murcianas en la mañana de Viernes Santo, bajo un hermoso sol de primavera.

El demonio  también participa

El Domingo de Resurrección, las cofradías y los nazarenos abandonan el luto y llenan las calles vestidos de blanco, con alegres ramos de flores. Las bandas tocan pasodobles y marchas triunfales celebrando la Resurrección de Jesús, a la vez que centurias de soldados romanos marchan de forma marcial.

Curiosamente, la parte delantera de la procesión la encabeza un grupo de niños-ángeles que llevan encadenados a un demonio, en representación de la victoria de la Luz sobre las Tinieblas y la Muerte.

Yolanda Souto

Arte y cultura, Tradiciones

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