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Entrevista a Carlos Saura

miércoles, 13 de febrero de 2008

Carlos Saura

El director aragonés presentó «Fados» en Bruselas el pasado 1 de febrero.

Carlos Saura: “El problema del Fado es que es un gran desconocido”

«El film se llama «Fados», en plural, porque no trata sólo del fado tradicional sino que es un intento de abrirlo». Esta frase, pronunciada por Carlos Saura durante la presentación de su última película en Bruselas el pasado día 1 de febrero, resume a la perfección el contenido de «Fados» (2007).

Sin descuidar la esencia del fado, Saura intenta “buscar líneas de futuro” para que el fado no se quede “anclado” en el pasado. En primer lugar, indaga en los orígenes de este género musical y nos revela sus raíces africanas y brasileñas. Un intertítulo al comienzo de la película reza en portugués: «Nos agitados principios do Séc. XIX quando chegam a Lisboa, a procura de trabalho, milhares de pessoas dos meios rurais mas também das colonias portuguesas de África e do Brasil, surge o Fado nos pátios, nos prostíbulos e nas tabernas». De esta forma, Saura no sólo emparenta el fado con otros ritmos portuarios y arrabalescos nacidos en la misma época, como el tango y el flamenco, sino que, además, recupera el mestizaje como fundamento del fado y motor de su renovación. Siguiendo este postulado, la película alterna las actuaciones de los mejores fadistas puristas portugueses –Argentina Santos, Carlos do Carmo o Camané, entre otros- con las de los artistas que presentan un fado de fusión. Saura reintroduce los toques africanos –eliminados del fado ya antes del régimen de Salazar por invitar a la sensualidad y al pecado– de la mano de la cantante caboverdiana Lura y, sobre todo, de la mozambiqueña Mariza, intérprete privilegiada por Saura con tres actuaciones a lo largo de la película. La influencia brasileña también está fuertemente presente en la película en las figuras de Caetano Veloso –canción homenaje a Amalia Rodrigues y Chico Buarque– secuencia consagrada a la Revolución de los Claveles. Saura experimenta incluso versiones de fado con ritmos flamencos –dúo del cantaor Miguel Poveda con Mariza– y con el rap –en su homenaje a Alfredo Marceneiro–.

Fados

Fados

El segundo aspecto novedoso que Saura introduce en «Fados» es la danza. «El fado (tal y como se concibe en la actualidad) no se baila, pero hay un fado que se ha perdido -llamado “fado batido”- que se bailaba y que lo hemos recuperado. Las escenografías del largometraje exploran las posibilidades de bailar el fado. Estas, siguiendo el tratamiento de otros musicales de Saura -como “Tango”-, se desarrollan en espacios minimalistas y descontextualizados, alejados de la formalidad de un escenario teatral. Saura siempre ha “preferido los ensayos a las representaciones” en un intento de “reconstruir el esfuerzo físico” que impregna “el espíritu de los ensayos”. Las puestas en escena bailadas se efectúan delante de paneles monócromos, en los que, en ocasiones, está proyectado el propio artista en un desdoblamiento propio de un juego de espejos.

El resultado de ambas transgresiones de los cánones del fado tradicional (fusión con músicas africanas y brasileñas, e inclusión de la danza) es una película altamente estilizada, aún llena de nostalgias y ausencias (homenajes a Amalia Rodrígues, a Alfredo Marceneiro y Lucilia do Carmo), que se traducen visualmente en sombras y siluetas, e imágenes de archivo; Carlos Saura se hace eco de la nueva vitalidad y de la proyección internacional del fado, conseguida, en gran parte, gracias a la enorme popularidad de Mariza.

ENTREVISTA A CARLOS SAURA

Pregunta: Hasta finales de los años 1970, tu cine se centra en temáticas comprometidas histórica y socialmente, narradas de una manera metafórica –por ejemplo, «La Caza» (1965), «Peppermint Frappé» (1967) o «La prima Angélica»(1974). Posteriormente, aunque el compromiso continuó presente en películas como «!Ay, Carmela!» (1990) o «Taxi de noche» (1996), tu carrera cinematográfica se ha orientado principalmente hacia el musical. ¿Cómo describirías tus musicales?

Carlos Saura: Dentro de los musicales que he hecho ya, hay algunos que tienen argumento –»Bodas de sangre», «Carmen», «El amor brujo», «Tango»– y otros que son musicales «en estado puro», en el sentido de que nada contamina el musical, que no hay nada más que la música. Estos son: «Sevillanas», «Flamenco» y, sobre todo, «Iberia» y «Fados». (Estos dos tipos de musicales) son dos cosas distintas.

P: En tus películas musicales ha estado presente, sobre todo, el flamenco, pero también has hecho incursiones en el tango y, ahora, en el fado. ¿Vas a seguir profundizando en otras tradiciones musicales?

CS: No lo sé, pero es posible que sí. Estoy muy abierto. Tengo un proyecto para hacer un musical con argumento este año o a comienzos del año que viene.

P: El fado vive un momento dulce con el fenómeno Mariza que arrasa en Europa y en los premios Grammy…

CS: Esa chica es un genio. Es una de las más grandes cantantes que hay ahora mismo en el mundo.

P: Cuando hace un par de años empezaste a estudiar sobre el fado, la popularidad de Mariza todavía no era la actual. ¿El proyecto de «Fados» surgió de tu propia iniciativa o alguna institución te contactó para proponértelo?

CS: Me llamó un día el fadista Carlos do Carmo y me dijo que querían hacer una película sobre fados y que habían pensado que la persona ideal para hacer esa película era yo. Entonces, fui a Lisboa y hablé con Carlos do Carmo e Iván Dias. Ellos me propusieron conocer a gente en Lisboa como Camané. Más tarde, conocí a Mariza. Durante varios viajes conocí a un montón de fadistas. Di mi acuerdo [al proyecto] pero, antes de hacer la película, pedí que me dejasen documentarme: ver lo que había en Lisboa en ese momento; estudiar el material, tanto de contenido histórico como de contenido actual y ver qué posibilidades había.

Fados2

Fados2

P: Se ha achacado al fado el haber sido instrumentalizado por la dictadura de Salazar y a la copla de haberlo sido por el franquismo.

CS: Ahí siempre hay un malentendido. Es como decir que Sostakovich, como estaba en Rusia, no se puede escuchar aunque es un genio, o Prokofiev. Son errores lamentables porque ellos nunca han cantado cosas políticas, jamás que yo sepa. Es inevitable que los regímenes utilicen la música. El fado tiene fama de eso (favorable a la dictadura de Salazar) por Amalia Rodrigues y por Marceneiro. Pero había otros cantantes, como Carlos do Carmo, que siempre han sido de izquierdas. Cuando se produjo la revolución [de los claveles], que fue una revolución estupenda porque no hubo víctimas, los revolucionarios dijeron que el fado abajo porque se escuchó mucho durante la etapa del poder de Salazar. Evidentemente, Carlos do Carmo, comunista convencido, y otros muchos escritores dijeron que ese fundamentalismo de no poder escuchar fados era una barbaridad y empezaron a renovar el fado. El fado es el producto de toda esa gente que ha reaccionado contra una idea malévola y equivocada.

David Asenjo

Arte y cultura

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