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Redescubriendo a Dalí

martes, 1 de febrero de 2005
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Retrato de Dalí por Txema Muñoz

A partir de este mes de febrero, y hasta el próximo mes de mayo, recala en el Museum Bojmans Van Beuningen de Rotterdam la exposición Dalí. Cultura de masas. La muestra ha sido presentada en el Salvador Dalí Museum, de St. Petersburg, Florida, y, con anterioridad, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid y en Caixafórum de Barcelona. Y ha constituido, sin duda alguna, uno de los platos fuertes presentes en la conmemoración del centenario del artista.

La exposición nos ofrece no una imagen inédita, pero sí sistemática, de una de las dimensiones centrales en la producción daliniana: su peculiar presencia en el contexto de las industrias de masas durante buena parte del siglo XX. Más allá del Dalí pintor, escultor, dibujante o escritor –y, al tiempo, integrando todos estos aspectos en una esfera coherente– se plantean las fórmulas ideadas por el artista ampurdanés en su deambular por la cultura de masas del mundo occidental, superando definitivamente las impresiones superficiales que lo limitaban a las excentricidades más o menos ocurrentes, la avaricia o las absurdas actividades provocativas.

Dalí. Cultura de masas es el resultado de una profunda revisión del personaje y su obra. Su comisario, Félix Fanés, es un especialista en el Dalí cineasta, o mejor dicho, en el “Dalí, cineasta sin filmes”. Y nos presenta una retrospectiva que vincula al artista con los medios y las expresiones de la modernidad: la fotografía, la publicidad, el diseño, la prensa… Asimismo se interroga acerca de la capacidad de Salvador Dalí para succionar y reconvertir en objetos singulares los más diversos elementos del entorno cotidiano. Dalí es una peculiar muestra de síntesis, capaz de integrar sin disonancias la experimentación visual, el estudio científico y psicológico, una nueva mirada sobre los motivos clásicos de la alta cultura (Rafael, Leonardo, Vermeer, Velázquez), con el fútbol, los medios de comunicación, los artículos de consumo o las tarjetas postales más edulcoradamente kitsch al estilo de Alma Tadema.

Luis Buñuel y Salvador Dalí

Luis Buñuel y Salvador Dalí en 1933

Dalí recorrió un camino sin duda polémico, que le granjeó la enemistad de viejos compañeros, como André Breton o Luis Buñuel. Partiendo de la revolución surrealista, describe un arco que desemboca en la conversión de su imaginario en una marca reconocible en el contexto del homogéneo consumismo estadounidense. Arrancando de la más iconoclasta ruptura cultural, acaba integrando dentro del peculiar sistema de vida conservador norteamericano numerosas semillas que fuerzan a renovar su universo visual y las formas de representar y comprender el mundo. No es extraño, por ello, que la herencia daliniana, más o menos subvertida o asimilada, sea notable desde los años sesenta –pensemos en el pop art– y esté presente hoy en día en el spot publicitario, en el cómic, los videojuegos, el anuncio de prensa, el videoarte o numerosos formulismos del diseño gráfico. Por todo ello probablemente Dalí está más vivo que muchas de las estrellas egocéntricas que pueblan los patéticos escándalos de la basura televisiva.

Todo esto es especialmente notable en el caso del cine. Dalí señaló en 1929 que Un perro andaluz estaba realizada «al margen de cualquier intención estética». Esta película, no obstante, era el más crudo alegato lanzado hasta entonces contra la institución cinematográfica nacida treinta y cinco años antes. Una vez en Estados Unidos, llegó a contactar con Harpo Marx, tras enviarle un arpa cuyas cuerdas eran alambres de espinas. Juntos idearon una película nunca realizada. No fue el único proyecto cinematográfico frustrado. En 1935, en su guión Los misterios surrealistas de Nueva York, proponía un film que comenzaría con un “jefe de una organización secreta, cuyo objetivo es sembrar el misterio surrealista en Nueva York, reflexionando sentado en su despacho. Ante su ventana, un rascacielos antropomorfo sirve para la cría de médiums histéricos…”. Demasiado para Hollywood.

Salvador Dalí junto a Walt Disney

Salvador Dalí junto a Walt Disney

Sin embargo Dalí colaboró activamente con el sistema de estudios. La exposición muestra, por ejemplo, sus espléndidos diseños para la película Destino, de la factoría de Walt Disney. Y en plena seducción por los temas psicoanalíticos en el cine estadounidense, preparó la escenografía de la secuencia del sueño de Recuerda, de Alfred Hitchcock. El afán pionero de Dalí le llevaría finalmente a convertirse en el padre del vídeo experimental y de las performances: en 1960 remitió una cinta a la Annual Conference of Visual Communications, donde explicaba, con la ayuda de una señorita y una piara de cerdos, cómo se creaba una obra maestra.

José C. Rueda Laffond

Arte y cultura

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